Qué son las escaras y cómo evitarlas

Las escaras, o úlceras por presión, son lesiones en la piel que se producen normalmente por permanecer sentado o tumbado en una misma posición durante mucho tiempo. La causa por la que aparecen es por la presión continua ejercida sobre una misma zona del cuerpo que, normalmente, coincide con un hueso recubierto por una fina capa de piel. Es el caso, por ejemplo, del sacro, del coxis, de los talones o de los codos.

El peso del cuerpo inmóvil hace que, poco a poco, la piel de esas zonas se quede sin riego sanguíneo por la presión constante. La falta de riego provoca, a su vez, la muerte de las células (necrosis) de la zona. Junto a la presión también hay otros factores que favorecen la aparición de escaras como es el caso de la humedad, la fricción o las llamadas fuerzas de cizallamiento.

Tipos de escaras

En función de las capas de tejido afectadas las escaras se pueden clasificar en cuatro tipos de menor a mayor gravedad. En el estadio 1 hay enrojecimiento y cambios en la temperatura (fría o caliente) o en la consistencia de la piel (endurecimiento o reblandecimiento). Además, puede haber dolor y picor. En el estadio 2 ya hay cierta pérdida del grosor de la piel, que afecta a la epidermis, a la dermis o a ambas. Hay una úlcera o herida superficial con aspecto de ampolla o abrasión superficial. En el estadio 3 hay pérdida total del grosor

de la piel, que implica lesión del tejido subcutáneo, que puede extenderse hacia dentro pero no hacia los laterales. Por último, en el estadio 4, se ha perdido totalmente el grosor de la piel y hay una destrucción extensa de los tejidos que pueden llegar al músculo y al hueso.

Un grave problema de salud

Casi el 85 por ciento de pacientes con estas úlceras son mayores de 65 años. Según un estudio epidemiológico realizado en España en 2013, la prevalencia de las escaras en los hospitales se sitúa entre el 7 y el 8 por ciento, mientras que en las unidades pediátricas es del 3,36 por ciento. En atención domiciliaria es del 7,9 al 9,1 por ciento y aumenta al 12,6-14,2 por ciento en las residencias sociosanitarias.

Las escaras son heridas crónicas, muy dolorosas y que además de reducir considerablemente la calidad de vida de quien las sufre, conllevan un alto riesgo de infección que puede provocar la muerte. De hecho, según el Grupo Nacional para el Estudio y Asesoramiento sobre Úlceras Por Presión y Heridas Crónicas (Gne-aupp) el riesgo de fallecer de una persona que tiene una úlcera por presión es cuatro veces superior al de una persona que no la padece.

Estos datos ponen de relieve la importancia de prevenir las escaras, ya que son evitables en el 90% de los casos.

Cómo prevenir las escaras

Quienes no pueden mover su cuerpo, totalmente o en parte, al estar encamados o en silla de ruedas son quienes tienen más riesgo de sufrir úlceras por presión o escaras. Por eso, los cuidadores de estas personas tienen que extremar las precauciones para que no lleguen a producirse las escaras. Para ello hay que tomar las siguientes medidas:

  • Cambiar de postura al enfermo. Es la principal medida de prevención, ya que evita que se ejerza una presión continua sobre la misma zona durante mucho tiempo. No obstante, hay que saber cómo hacer adecuadamente los cambios posturales, algo que debe explicarle un profesional de la salud, aunque puede encontrar algunas pautas aquí.
  • Reducir la presión en las articulaciones susceptibles de ulcerarse. Esto se consigue con ayudas técnicas que alivian la presión, como cojines, colchones, botas y taloneras antiescaras que puede encontrar en cualquiera de las tiendas PRIM Clínicas Ortopédicas.
  • Cuidar la higiene, limpiando, secando e hidratando correctamente las zonas de riesgo tras cada lavado o cambio de pañal.
  • Mantener una alimentación e hidratación adecuada. Si el organismo recibe el aporte de calorías, proteínas, vitaminas y minerales correcto, es más difícil que aparezcan las escaras.
  • Revisar la piel frecuentemente. Aunque se tomen medidas para que no aparezcan las úlceras por presión, hay que inspeccionar la piel cada día, sobre todo en las zonas de más riesgo. Así, en caso de que aparezca una escara se detectaría en una fase inicial, cuando es más sencillo su tratamiento.
  • Estimular el movimiento. Dentro de los límites que la situación de la persona inmovilizada lo permita se recomienda realizar alguna actividad que evite la presión continua.

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